jueves, 1 de mayo de 2008

Ocio

En ocasiones a los dos nos gusta perder el tiempo. No es por ocio o porque no sepamos aprovechar lo que la vida nos ha otorgado, es más bien para sublevarnos a una forma de pensar y de vivir. Estamos tan sumergidos en el sistema de tiempo-es-oro, que es necesario que una pareja tome la decisión de cambiar y ver si así los demás nos deciden copiar. El tiempo lo perdemos de las maneras más espectaculares, aunque no nos guste adjetivarlo así porque suena bastante mercadotécnico.

Salimos algunos días a caminar por la calle, observar detenidamente cada casa y comercio que está a nuestro alrededor, en ocasiones, cuando realmente no tenemos nada que hacer, tratamos de memorizar todas y cada una de las personas que viven en cierta colonia. Nos gusta establecer correlaciones casi-científicas del tipo de persona que vive en cierta colonia y la forma en que las casas están construidas, aunque yo creo que la variable es más bien, el tipo de árboles que tiene una colonia con el tipo de personas que en ella habitan. A veces a ella se le ocurre memorizar las placas de los autos que están estacionados frente a las casas más extrañas, y trata de establecer cierta lógica guiándose por las conjeturas que le dice el tarot o el horóscopo, piensa que detrás de aquellos pedazos de metal se puede leer con ayuda de las posiciones de las estrellas, cierto trama celeste destinado a la vida mística de aquella colonia; aunque a mi me gusta creer que todas las letras de aquellas placas componen un mantra, al parecer el más divino de los mantras, que únicamente lo repiten los iniciados, que aceptaron el lugar tan extraño en el que viven por un poco de felicidad y de sosiego en el mundo.

Cuando no estamos de humor para caminar por la ciudad, preferimos quedarnos a tomar un café en algún lugar sencillo, que tenga bancas en la acera para poder contemplar a la sociedad y a la ciudad de una forma muy cercana. Recuerdo que un día mientras yo tomaba un café en mi pequeña tacita blanca, ella se apropiaba de mi mano y hacía el intento de leer mi futuro en ella. A mí me parecía algo bastante extraño, no porque no creyera que existía algún tipo de escritura en mi cuerpo que me revelara mi destino; lo extraño de todo era que me leyera la mano en un café, cuando podría haber leído mi provenir en la tacita blanca. Yo pensé que era como tratar de leer un libro en japonés cuando enfrente se tiene una copia en español y que para rematar se encuentra uno en España. Pero cada quien tiene su forma particular de complicarse la vida, lo cual es muy respetable.

Un poco más y casi descubrimos el secreto del universo, uno nunca puede estar seguro que lo que tiene enfrente es la realidad y no simples sombras de lo que no podemos percibir claramente, aunque tal vez con estos mantras, estas placas, estos paseos a pie, esta lectura de mano, nosotros hemos logrado visualizar la vida diferente; como aquellas experiencias en el subsuelo...

1 comentario:

Anónimo dijo...

perece increible en lo mucho que aciertas tambien en ocasiones me pasa que se detiene a ver los gatos que habitan en el interior de las casas.
Es magico