viernes, 23 de mayo de 2008

Al son de los balazos

México presenta, hoy en día, un escenario terrorífico. Las jornadas sangrientas que se han desarrollado en el país (especialmente en el norte) han puesto en jaque la capacidad de Felipe Calderón para contener el embate de las narco-ejecuciones. Tan sólo en lo que va de la administración calderonista, más de cuatro mil personas han sido ultimadas.
A pesar de los grandes operativos militares orquestados por el Ejecutivo Federal, estados como Baja California, Durango, Sinaloa, Chihuahua, Michoacán, Estado de México y Guerrero, se codean entre las entidades más violentas de la República. Asesinatos y "levantones", sin freno. Autoridades policiacas viven a diario con pánico, algunos renuncian a sus cargos, otros mueren. Los narcos feudalizan territorios.
Peor aún para Calderón, la célula delictiva llamada "La Federación" o "La Comitiva" vive una pugna por el poder, una disputa entre los Beltrán Leyva y el "Chapo" Guzmán, situación que beneficia a "Los Zetas", para poder consolidarse como el cártel más fuerte del país, un grupo que, según autoridades de la DEA, es altamente violento. Se bosqueja un panorama más sangriento.
"Ya basta", dijo recientemente el sucesor de Vicente Fox, en un tono que da muestra de la desesperación e impotencia que carga consigo todos los días, ante la ola de crímenes que se ha desatado en el país que no logra abatir y, dicho sea de paso, no lo hará, pues el crimen organizado lo supera por mucho.
La República Mexicana baila al son de los balazos sobre tapetes de cadáveres. El narco se convierte en un constante prefijo del vocablo cotidiano, "narco-ejecución", "narco-batalla", "narco-violencia", "narco-balacera", etc. En fin, no queda más que el exilio voluntario o la resignación de vivir en nuestro querido Narco-México.

1 comentario:

El que te dije dijo...

Uno de los grandes problemas que tiene la política que utiliza en contra del narco es la de librar una batalla frontal, de esa forma lo único que se logra es una escalada de violencia, por una parte los narcos que tienen influencias en algunos políticos (si no, de qué forma consiguen las armas y la protección que tienen) y por el otro lado policías que prefieren (con justa razón) preservar su vida a ponerse en riesgo con sus armas de corto alcance y mandos corruptos.
Lo principal de cualquier guerra ( de esa forma han expresado/justificado su proyecto político contra el narco) no son las armas, ni los soldados, ni los territorios. Lo principal es la inteligencia y al ver toda esta oleada de violencia está claro que nuestros "Servicios de Inteligencia" no hacen honor a su nombre.
Habría que considerar el cambio de la política hacia la lucha contra el narco, ¿pero quién y cómo se lo dice antes de que sea tarde?