El nombre de Simulacro encierra algo lúdico, sobre todo para aquellas personas que no tienen tan olvidados sus años mozos. Muchos podrían recordar esa palabra como aquella que se utilizaba de vez en cuando en la primaria y que era un oasis cuando eramos niños, ya que una de las ventajas del simulacro era perder algunos minutos de clase y en el mejor de los casos, varios, debido a un mal cronometraje en la evacuación. ¡Siempre se tenía que hacer mucho más rápido! Recuerdo la cara de mi directora cuando todos estabamos en el patio y miraba su reloj, tomaba el micrófono y decía que en un temblor real sería insuficiente.
Nos pedía mayor disciplina, pero cómo pedirla cuando lo único que te interesa es convivir, a final de cuentas uno de los objetivos de la escuela es la socialización, única materia en que la mayoría pasábamos con 10, lástima que no estuviera en ningún historial académico.
Supongo que cuando eramos niños no le dabamos la seriedad necesaria ante tal medida de precaución, pero tampoco se podía exigir seriedad a unos niños que añoraban tener recreo para patear la pelota, ir a la tiendita o platicar sobre el programa de tv favorito.
De la misma forma, siendo adultos, no creo que le demos la seriedad necesaria al hecho de hacer literatura, que como nosotros lo entendemos, no es únicamente la división académica de los géneros y de las formas, sino la posibilidad de abarcar toda expresión escrita. Así que lo mismo tendremos: cuentos, ensayos, opiniones sobre diversos temas, relatos de viajes, o notas escritas en una servilleta (claro que trataremos transcribirlas siempre que se pueda)... etc.
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1 comentario:
me parece una forma muy divertida de ver los simulacros , de hecho se me olvidaba que de hecho cuando se hace en la oficina , es un motivo de escaparte un rato de ella , con ese pretexto
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