jueves, 24 de abril de 2008

Chicle de uva

Se efectuaba en el inmueble de la Opera de París la Conferencia Anual de Masoquistas Underground (en realidad nadie sabe de dónde salió el sufijo underground; pero se atribuye a un simple y llano snobismo) que buscaba afianzar la hermandad entre estos personajes, que se consideran estoicos de convicción y vocación.

Todos los asistentes esperaban con ansias desmedidas el final del evento para escuchar la última ponencia, que correría bajo la batuta de Camile Nadj, un francés de padres diplomáticos serbios, de quien se decía era el mayor intelectual martirista, cuya ideología, para algunos, poseía una condición dogmática.

El bullicio de la gente disminuía, entre más se acercaba el "Duque del azote" (apodo de Camile) al estrado, hasta que el silencio se convirtió en un imperativo. El franco-serbio soltaba una mirada agudizante que penetraba en cada una de las personas, quienes lo absorbían atenta y sumisamente, desenfundaba la pluma de su bolsillo, la alzaba y decía con firmeza "¡quiero ser un chicle de uva!"

Los concurrentes se miraban, entre sí, confundidos ante lo que habían esuchado. Algunos pensaron que era un mal chiste, otros que su genialidad se había transformado finalmente en locura y unos más sólo enmudecieron.

Después de una pausa, Camile retomaba la palabra. "Ustedes deben conceptualizar mi enunciado. Si fueran chicles, podrían disfrutar del masticado. Ahora imagínenselo por un instante; son amorfos, se introducen en la boca de una persona, comienzan a ser masticados, a veces lento, a veces rápido; se pasan de un lado a otro; los molares los aplastan, los colmillos los desgarran; son convertidos en bombas, explotan, son escupidos y, una vez en el suelo, pisoteados. Es la máxima del dolor, un hedonismo auténtico."

En el teatro, los asistentes adquirían una pose reflexiva después de haber escuchado el discurso del Duque, sin embargo, nadie levantaba la mano para hacer alguna pregunta al respecto, exepto uno, Eugene, académico costumbrista y botánico aficionado. Se puso de pie y, con la miraba de todos apostada en su ser, preguntó "¿Por qué uva?", Camile metió su pluma en la bolsa del saco, se dio la vuelta, y se retiró ante la incredulidad del respetable.

A la salida del evento, todos los masoquistas fueron a las tiendas de autoservicio más cercanas a conseguir chicles de uva, que masticaron hasta que les sangraron las encías. El Duque no volvió a aparecer en público; se rumora que para experimentar en carne propia ser goma de mascar, se aventó a un río infestado de hipopótamos y no salió con vida.

viernes, 11 de abril de 2008

Jacqueline du Pré: Pasión sin mesura

Cuán trágica es la historia cuando la muerte se lleva consigo el talento, virtuosismo y pasión de una de las mejores ejecutantes del violonchelo. La vida de Jacqueline du Pré comenzó con su nacimiento el 26 de junio en Oxford, Inglaterra y muy temprano, a los cinco años de edad, escuchó por primera vez el sonido del que sería el instrumento que la acompañaría en toda su existencia.

Du Pré realizó sus estudios, primero, en la London Cello School y después, a los siete años de edad, en la Guildhall School of Music, en Londres, bajo la tutela de William Pleeth. Tuvo estadías con los grandes maestros Pablo Cassals, en Suiza (1960) Paul Tortelier, en París (1962) y Mstislav Rostropovich, en Moscú (hasta 1966), este último, quien dijera de la chelista que era la única que podía equiparar o superar sus propios logros.

A la edad de 16 años debutó formalmente en el Wigmore Hall de Londres con el concierto de Elgar para Chelo, y después tocaría y grabaría esta misma obra con la Orquesta Sinfónica de Londres, bajo la dirección de Sir John Barbirolli; interpretación que le traería reconocimiento mundial, así como inmortalidad.

En la Navidad de 1966, Jackie conoció al pianista y director judío Daniel Barenboim y al siguiente año contraería nupcias con él. Este enlace matrimonial – comparado con el de Robert y Clara Schumann - resultaría profesionalmente fructífero, así como su amistad con los músicos Yehudi Menuhin, Itzhak Perlman, Zubin Mehta y Pinchas Zukerman, con quienes tuvo memorables presentaciones, al interpretar música de cámara, en especial la realizada en el Queen Elizabeth Hall de Londres con la interpretación del quinteto para piano La Trucha de Schubert.

A pesar del éxito, la tragedia le sobrevino cuando se le diagnosticó esclerosis múltiple en 1973. Poco a poco, conforme la enfermedad mermaba sus movimientos, su magia se esfumaba, las presentaciones eran cada vez más escasas y sólo podía dedicarse a impartir clases de chelo. Aunado a esto, Barenboim la dejaría por la pianista rusa Elena Bashkirova.

La una vez sonriente y vivaz Jacqueline, murió en Londres a los 42 años de edad, el 19 de octubre de 1987. Uno de los cinco chelos que tuvo – un Dadivoff Stradivarius 1712 valuado en alrededor de dos millones de dólares - está en préstamo al reconocido chelista Yo-Yo Ma. No obstante su muerte, nos dejó un legado enriquecedor gracias a sus magistrales interpretaciones, su estilo único de estremecer al público con sus movimientos oscilatorios de cuerpo y arco que detonaban en una pasión sin mesura; y son sus ejecuciones, que la sitúan en un escenario anacrónico, en un anaquel en la historia de la música, en suma, que la convierten en leyenda.

Escrito por Diavolo

Este es un artículo que publiqué en el periódico donde trabajo (Diario POR ESTO!, en Mérida)

miércoles, 9 de abril de 2008

Desde la primaria que recordamos la palabra ¡Simulacro...!


El nombre de Simulacro encierra algo lúdico, sobre todo para aquellas personas que no tienen tan olvidados sus años mozos. Muchos podrían recordar esa palabra como aquella que se utilizaba de vez en cuando en la primaria y que era un oasis cuando eramos niños, ya que una de las ventajas del simulacro era perder algunos minutos de clase y en el mejor de los casos, varios, debido a un mal cronometraje en la evacuación. ¡Siempre se tenía que hacer mucho más rápido! Recuerdo la cara de mi directora cuando todos estabamos en el patio y miraba su reloj, tomaba el micrófono y decía que en un temblor real sería insuficiente.

Nos pedía mayor disciplina, pero cómo pedirla cuando lo único que te interesa es convivir, a final de cuentas uno de los objetivos de la escuela es la socialización, única materia en que la mayoría pasábamos con 10, lástima que no estuviera en ningún historial académico.
Supongo que cuando eramos niños no le dabamos la seriedad necesaria ante tal medida de precaución, pero tampoco se podía exigir seriedad a unos niños que añoraban tener recreo para patear la pelota, ir a la tiendita o platicar sobre el programa de tv favorito.

De la misma forma, siendo adultos, no creo que le demos la seriedad necesaria al hecho de hacer literatura, que como nosotros lo entendemos, no es únicamente la división académica de los géneros y de las formas, sino la posibilidad de abarcar toda expresión escrita. Así que lo mismo tendremos: cuentos, ensayos, opiniones sobre diversos temas, relatos de viajes, o notas escritas en una servilleta (claro que trataremos transcribirlas siempre que se pueda)... etc.
Este Simulacro también está abierto a sus comentarios.